Hábitos emocionales, creencias y adopción.

Disparador

Escuchando una conferencia del Lic. Marco Leone una frase resonó en mi disparando una serie de interrogantes acerca de los hábitos emocionales y creencias de los niños adoptados.

Estas preguntas aparecieron particularmente en el contexto de mi experiencia como padre adoptivo y de los años de escuchar historias y experiencias de otros padres en la misma situación.

En esta conferencia el licenciado decía:

Antes de los 5 años incorporamos los HÁBITOS EMOCIONALES Y CREENCIAS que serán las bases de nuestras decisiones como adultos a menos que logremos reconocerlas para luego crear habilidades nuevas.

Esta afirmación me llevó a plantearme:

¿Cómo y cuándo los niños desarrollan su mundo emocional? ¿Cómo mira la vida un niño? ¿Cuándo un niño se siente seguro? ¿Qué preocupaciones tiene?

Carga emocional biológica

Todos somos seres biológicos y como tal traemos en nuestra biología información emocional básica que desarrollamos luego en convivencia con nuestra familia, con el contexto donde nos criamos, donde crecemos.

Al nacer traemos un mundo emocional básico que se completa con las experiencias que vivimos en el entornos donde nos criamos. que se nutre de los sentimientos de cercanía o lejanía de los seres importantes de nuestra vida, apego, abandono, cariño, malos tratos, … entre otras experiencias.

En tal sentido cabe señalar:

“Es importante que los niños dispongan de modelos adecuados, que les permitan aprender a desarrollar su autoconocimiento emocional y, posteriormente, adquirir herramientas para su regulación”, señala Isabel Rodero, pedagoga del Centro TAP (Tratamiento Avanzado Psicológico).

“Desde que nacemos sentimos emociones y las expresamos de manera inconsciente. También aprendemos reacciones emocionales sociales y aquí juegan un papel importante las neuronas espejo, que son las encargadas de imitar, por ejemplo, la sonrisa social que aparece a los pocos meses de nacer. Y que también tiene una función vital y en este caso es la de ser aceptados y adaptarnos al medio con el objetivo de sobrevivir.”

La frase anterior:

“ser aceptados y adaptarnos al medio con el objetivo de sobrevivir”

se puede traducir con la una simple palabra: PERTENECER.

¿Qué pasa con los niños que son adoptados?

¿Quién soy? ¿A quién le pertenezco? ¿Qué modelo debo seguir?

La base de nuestra vida está en pertenecer:

  • pertenecer a una familia,
  • pertenecer a una comunidad,
  • pertenecer a un grupo de amigos,
  • pertenecer a un partido político,
  • pertenecer a un club,
  • pertenecer…

Entonces si:

  • traemos una carga emocional básica con nuestra biología que viene de nuestros progenitores,
  • esta carga emocional básica se completa en el contexto con las experiencias que vamos viviendo,
  • la base emocional en la vida es el pertenecer,
  • los niños comienzan su vida perteneciendo a otros (por lo general los progenitores) que son los que luego por diferentes motivos vulneran sus derechos y/o los abandonan (en el caso de los niños adoptados),
  • necesitamos modelos que nos permitan desarrollar el autoconocimiento emocional

¿Qué sienten los niños que son separados de su entorno? ¿De quiénes aprenden estos niños? ¿Qué pasa cuando estos niños son llevados a nuevas familias? ¿A quién sienten que pertenecen? ¿Con quién se identifican? ¿Qué miedos se generan en su inconsciente al no poder pertenecer? ¿Aparece la culpa de pensar que ellos hicieron algo para dejar de pertenecer a su entorno de origen?


¿Y ahora qué?

Ante todas estas preguntas, una que para nosotros debe ser la fundamental, surge en este momento:

¿Cómo podemos ayudarlos? ¿Qué hacemos por ellos?

Los niños y niñas adoptados se incorporan a las familias creando vínculos de filiación y, como norma general, se produce una ruptura de vínculos personales, familiares y jurídicos entre los niños y sus padres biológicos.

Dejan de pertenecer. Se rompen los lazos con los espacios y las personas que estaban construyendo sus hábitos emocionales. De pronto desaparecen los modelos que iban formando su estructura emocional.

Se rompen los lazos con los espacios y las personas que estaban construyendo sus hábitos emocionales. De pronto desaparecen los modelos que iban formando su estructura emocional.

Ahora están en un nuevo espacio, con nuevas personas, en un contexto diferente y seguramente ellos sienten/piensan:

  • ¿pertenezco a este lugar? (seguramente pasará un largo tiempo, diría una amiga y profesional, la Lic. Alejandra Bertolez, no menos de 2 años para que los niños sientan esa pertenencia a la nueva familia),
  • ¿cómo debo comportarme para ser aceptado?,
  • ¿son éstos nuevos modelos a seguir? (seguramente antes de que la respuesta a esta pregunta sea un si, los niños intentarán miles de veces repetir los modelos que aprendieron en primera instancia porque de no hacerlo tendrían miedo de dejar de pertenecer a su familia de origen, y quizás sientan también que si no los imitan son desleales con quienes los trajeron al mundo),
  • ¿por qué fui separado de mi espacio de pertenencia? (en este caso lo realmente rico e importante es poder convertir la pregunta en un “para qué fui separado”, poniendo luz en que este separación era/es necesaria para cuidarlo, para protegerlo, en función del bien del niño/niña/adolescente y de su integridad física y emocional.)

Preguntas disparadoras para charlar con los niños y niñas…

  • ¿Cuáles son tus miedos? ¿Qué harías si no los tuvieras?
  • ¿Dónde, con quién, cuando te sentís más seguro?
  • Si pudieras pedir un deseo, ¿cuál sería?
  • ¿Cómo te sentis ahora?
  • Si tuvieras que decirte algo lindo, ¿qué te dirías?
  • ¿Cuál es tu recuerdo más feliz?
  • ¿Te gustaría preguntarnos algo?
  • ¿Queres saber algo en particular de nosotros?

Los niños y niñas adoptados son niños y niñas con heridas emocionales. Estas heridas tienen repercusiones en la convivencia familiar y las expresan muchas veces a través de comportamientos difíciles, malas conductas, … Son la forma que tienen de manifestarnos su malestar y el daño recibido. No son comportamientos “en contra de su nueva familia”. Es un grito contando lo que vivieron, lo que tuvieron que pasar, lo que sufrieron en pocos años para llegar adonde ahora están. Corregir estas heridas (como si se pudieran corregir y no tan sólo mitigar, pregunta que me hago y que les dejo a Uds para pensar) implica abordar y reparar esos daños. El tiempo de reparación dependerá de la profundidad del dolor emocional y de la capacidad de los adoptantes para poner a disposición los recursos y las estrategias oportunas.

El punto principal para promocionar la seguridad y la resiliencia en el niño es el reconocimiento y la comprensión de las razones de sus emociones y conductas.

Es importante tener en cuenta que la capacidad de adaptación de los niños y niñas que son adoptadas es muy grande, pero no infinita, ni ilimitada.

La necesidad de integrarse y adaptarse (PERTENECER) a una nueva vida, mucho mejor que la anterior les hace ser muy permeables y en poco tiempo aprenden muchas cosas sobre todo aquello que les ayuda a entender su nueva vida. Pero no debemos nunca dejar de tener presente que las heridas originales siguen estando, quizás ya cicatrizada, pero están allí recordando todo aquello que hizo su basamento emocional inicial, tal como escuché y que funcionó como disparador de este artículo.

En su desarrollo los niños/niñas y adolescentes tendrán que hacer a la vez, o coincidiendo en el tiempo, tres tareas simultáneas:

  • Crecer, desarrollarse y aprender como los demás.
  • Adaptarse e integrarse a una nueva cultura y familia.
  • Reparar los daños, retrasos y/o trastornos emocionales, cognitivos y sociales.

Recordemos siempre que:

Reparar y ordenar la “mochila” que trae consigo también es “costoso” y sobre todo “DOLOROSO”.

¿Qué nos puede aportar el coaching en este contexto?

En este punto podemos pensar en el coaching como un acompañamiento en el DARSE CUENTA de los padres adoptivos de:

  • cuáles son las creencias que están involucrando en su vida cotidiana con los hijos adoptivos y determinar si las mismas están siendo limitantes o potenciadoras respecto de la relación,
  • en caso de identificar creencias limitantes poder definir que SI quieren creer en lugar de eso que están sosteniendo ahora como creencia para potenciar la relación y conformación de los nuevos lazos familiares,
  • identificar y explicitar los valores que regirán la relación padres-hijos y la nueva estructura familiar,
  • mejorar la comunicación con el entorno desarrollando las competencias y habilidades personales para la resolución de conflictos,
  • una mejora continua de la autoestima y el autoconocimiento potenciando a la persona en la mejor versión de si mismo.

Cómo último comentario, y para tener en cuenta, el esquema de abandono que sufren estos niños dejan secuelas en la vida adulta

Los efectos de este esquema a lo largo de la vida pueden mostrarse en las siguientes manifestaciones:

  • Fuerte inseguridad en las relaciones afectivas con un miedo excesivo e irracional acerca de la idea del abandono.
  • Comportamientos defensivos ante la posibilidad de abandono: posesividad o dependencia excesiva.
  • Sobrevaloración e idealización de la pareja. Si el abandono de los padres ha hecho sentir al niño que es poco valioso, éste de adulto va a sobrevalorar a la pareja que le haga caso.
  • Sentimientos de inferioridad en las relaciones afectivas. El sujeto cree que no es capaz de dar la talla en una relación sentimental y que más pronto que tarde será abandonado.
  • Actitud derrotista y de fracaso por anticipado en cualquier relación. De ahí que una de las manifestaciones de este esquema es la de no comprometerse en las relaciones de pareja ya que el sujeto teme ser abandonado.
  • Paradójicamente, el sujeto busca el emparejamiento con personas que favorecen la reviviscencia de los sentimientos de abandono. Pueden ser personas poco comprometidas, frías o infieles.

Si estas en el proceso, buscá ayuda, lee, estudiá, preparate para que el tránsito sea lo más fluido posible para todas las partes. Tené presente que siempre será un tránsito con espinas, pero que con paciencia, preparación y acompañamiento se puede superar exitosamente.

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