Ir a la barra de herramientas

El inconsciente y las creencias


Características del inconsciente

Lo primero que es importante tener en cuenta es como funciona el inconsciente en forma general para poder luego de esa manera entender como trabajar las creencias que se encuentran arraigadas en el mismo.

Para comenzar vale decir que el inconsciente es ATEMPORAL, no reconoce pasado ni futuro, todo en él es presente.

El inconsciente no distingue entre lo real y lo ilusorio, para él es lo mismo. No puede separar lo que ocurre de lo que imaginamos que ocurre. El INCONSCIENTE BIOLÓGICO no puede determinar si la emoción que recibe es de un suceso REAL o VIRTUAL. Todo es REAL y todo es PRESENTE.

El inconsciente es INOCENTE, no juzga. El bien y el mail, lo correcto o incorrecto es juicio de cada uno de nosotros generados en base a nuestras creencias.

Y por último digamos que el inconsciente trabaja de forma simbólica, es decir, reconoce y utiliza símbolos para conectar sentimientos, emociones y automatismos. Su lenguaje es simbólico.


Automatismos

Los seres humanos aprendemos formas de hacer las cosas (programas), que nos sirven para manejar nuestras vidas. Estos aprendizajes se sitúan en un nivel inconsciente y ello nos permite funcionar de manera efectiva, sin necesidad de estar continuamente analizando las situaciones que vivimos y tomando decisiones sobre la mejor forma de manejarlas.

Ello es una gran ventaja, salvo en el caso de que estos automatismos nos lleven a hacer cosas de un modo que actualmente ya no sirve (aunque quizás fuera útil en otros momentos de nuestra vida).

Emociones y creencias

Las emociones están conectadas con nuestras creencias, y estas a su vez, con nuestra supervivencia.

Las emociones siempre están condicionadas por programas inconscientes, muchos de los cuales son ancestrales y biológicos, y se desarrollan en un contexto social dominado por las creencias. Muchas de ellas nos hacen reprimir las emociones y nos impulsan a actuar y a pensar de una manera determinada.

Se trata de un ciclo que se retroalimenta constantemente, hasta que el sujeto toma conciencia, y aparece la decisión de actuar para cambiar la creencia y por lo tanto modificar la emoción. 

Creencias, ¿qué son?

Todas las personas nos construimos un esquema de pensamiento o sistema de creencias que influye en la manera como nos comportamos. Nuestra cultura, educación o experiencias influyen directamente en la elaboración de las creencias. Podríamos decir que es una idea considerada como verdadera por quién la posee, algo en lo que cree “a fe ciega” sin capacidad de contraste.

Las creencias son las normas de nuestra vida, las reglas según las cuales vivimos.

Al encontrarse en la parte inconsciente de la persona, una creencia es muy resistente a cualquier cambio y es ajena a la voluntad del individuo; de ahí que se diga “las ideas las tienes tú pero tus creencias te tienen a ti”.

Nuestro sistema de creencias se ha formado a lo largo de numerosos eventos que hemos percibido como verdaderos o falsos según lo haya creído nuestro entorno familiar, social, cultural, etc. La mayoría de estas certezas son creencias limitantes que nos impiden ir más allá de ellas porque nos vemos condicionados a defenderlas y a vivir de acuerdo a ellas.

En nuestro cerebro, las creencias, los pensamientos y los sentimientos están construidos e interconectados entre sí en una red neuronal. Cuando percibimos algo que está sucediendo y nos afecta una emoción, nuestro cerebro no conoce la diferencia entre lo que ve en su entorno en ese momento y lo que recuerda, y lo trae a la memoria, porque se activan las mismas redes neuronales. Hay emociones que están asociadas a determinadas experiencias vividas, y respondemos de la misma manera cuando estamos ante situaciones similares a aquella primera experiencia.

Mapas y territorio

Las creencias o paradigmas son llamados mapas, ya que guían y orientan nuestras acciones. Representan el territorio, pero no son la realidad misma.

Puede parecerte raro pero los seres humanos no nos relacionamos con la realidad, sino con lo que creemos que existe. Solemos decir que vivimos en nuestro mapa, pero el mapa no es el territorio, así como tampoco el menú es la comida.

De este modo, las creencias determinan todo lo que ves del mundo circundante, y cómo lo ves.

Siempre tenemos algunos aspectos de nuestros paradigmas que no se condicen con la realidad en la que estamos. Cuando el mapa difiere poco con el territorio no representa mayor inconveniente; el problema se da cuando las diferencias son grandes.

Hay quienes tienen creencias totalmente distintas a la realidad, entonces están convencidos de que el mundo debería ser de otro modo. Sus expectativas de cómo deben ser amigos, pareja, trabajo, policías, curas, médicos, psicólogos y demás son muy distintas de cómo es la realidad, entonces viven frustrándose por un “GPS que tiene un mapa muy imperfecto”.

Muchos van dando-por-supuesto y tomando-todo-personal, endilgando culpabilidades gratuitamente, sin reparar en que los equivocados son ellos mismos.

Y en lugar de revisar sus mapas y actualizarlos, se enojan con el mundo porque no es como dicen sus creencias.

Albert Ellis sostiene que ninguna experiencia o circunstancia tiene un valor establecido per se, sino que somos nosotros los que la enjuiciamos o clasificamos como buena o mala según nuestro sistema de creencias.

El problema es cuando esas creencias se alejan mucho de la realidad. Todos los “yo debería” y “el mundo o los demás deberían” como dogmas imperativos son generadores de emociones malsanas, tanto respecto de nosotros mismos (cuando te enojás con vos) o de los demás (cuando esperás demasiado de ellos).

Para recordar

Nuestros mapas mentales (o creencias) son los responsables de nuestras emociones y comportamientos, porque determinan el modo en que decodificamos y clasificamos lo que nos pasa.

“Creencias son generalizaciones firmemente mantenidas sobre causa, significado, y límites del mundo que nos rodea, nuestra propia conducta, nuestras aptitudes y nuestra identidad. Las creencias funcionan a un nivel diferente que la realidad concreta y sirven para guiar e interpretar nuestras percepciones de la realidad, generalmente conectándolas con nuestros criterios o sistemas de valores. Las creencias son difíciles de cambiar utilizando las normas típicas del pensamiento lógico y racional.”

Robert Dilts

Características de las creencias

No se basan en un sistema de ideas lógico. Su función no es coincidir con la realidad.

Las creencias son como raíces aprendidas desde momentos muy tempranos. Fueron introproyectadas en nuestra infancia.

Dependen de quién te lo dijo, te lo crees. Cualquier definición sobre la vida, sobre ti, sobre los demás, la salud, Dios, etc.

Se establecen en tres niveles: Hechos, Interpretaciones y Significados.

La dificultad en cambiar las creencias desde la lógica o el pensamiento racional recide en que las más arraigadas son inconscientes.

Condicionan una forma inflexible de vivir tus experiencias.

Cualquier persona puede cambiar sus programas cambiando la verbalización de las mismas, esto permite cambiar las percepciones y los estados emocionales subyacentes.

Las creencias están vinculadas al cerebro límbico y al hipotálamo. Esto las vincula estrechamente a las emociones y al cuerpo.

Todas las creencias tienen una intención positiva dentro de su posible disfuncionalidad. Es importante aceptar e integrar todo lo que han aportado a nuestras vidas en lugar de maltratarlas o deshacernos de ellas desde el juicio.

Todos los comportamientos y expresiones derivan de  creencias, criterios y valores.

Programa En nuestras manos, conducido con Luis Juliano y Sandra Giaccaglia como invitada especial hablando de creencias.

Christian Diani
COACH Mat. 14.407

Deja un comentario