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Creencias y adopción

Quiero en este artículo, a diferencia de muchos otros que podemos encontrar en la web, escribir acerca de ¿qué son las creencias? ¿cómo se forman las mismas? ¿es posible cambiarlas? ¿de qué manera y cuando trabajar estas creencias si pensamos entrar en un proceso de adopción y algunas nos hacen ruido?

Definición inicial

La creencia es una verdad subjetiva, una convicción, algo que el sujeto considera cierto, y no debe ser confundida con la verdad objetiva, cuya correspondencia en la teoría del conocimiento es el concepto de saber. El sujeto no se relaciona con la realidad sino con la representación (mental) que se hace de ella.

Mario Bunge

Las creencias son ideas que hemos ido interiorizando en nuestra mente normalmente de forma inconsciente y que, sin darnos cuenta, dirigen nuestros actos y nos impulsan a actuar de una u otra forma, sin que, en el fondo sepamos por qué.

LAS CREENCIAS SON PRINCIPIOS DE ACCIÓN.

La conformación de una creencia nace desde el interior de una persona (se desarrolla a partir de las propias convicciones y los valores morales), aunque también es influenciada por factores externos y el entorno social (la presión familiar, los grupos dominantes, etc.).

Tipos de creencias

A la hora de hablar de creencias, tendríamos que subrayar la existencia de una gran variedad de ellas. Así, por ejemplo, nos encontramos con las conocidas como creencias globales, que son aquellas ideas que tenemos acerca de aspectos tales como la vida, el ser humano o el mundo.

No obstante, también están las creencias sobre el origen de algo, sobre las causas o sobre el significado.

Es importante además tener en cuenta que, por regla general, las creencias pueden ser limitantes o potenciadoras. Las primeras se identifican por ser aquellas que lo que consiguen es que se nos incapacite para poder pensar o actuar de determinada manera ante una situación concreta.

Las segundas, por su parte, lo que logran es mejorar nuestra autoestima y nuestra confianza ya que básicamente de lo que se encargan es de ayudar a potenciar nuestras capacidades. De esta manera, nos otorgan seguridad e iniciativa para poder llevar a cabo determinadas actuaciones ante hechos concretos que surjan.

Es posible distinguir entre las creencias abiertas (que admiten discusión a partir de un análisis lógico y racional) y las creencias cerradas (sólo pueden ser discutidas por una autoridad). En el primer grupo pueden mencionarse a las creencias científicas ya que cualquiera capaz de demostrar lo contrario está en condiciones de refutar una creencia. Entre las creencias cerradas, las más comunes son las creencias religiosas (que emanan de una divinidad y son administradas por unos pocos elegidos).

Biología de una creencia

La epigenética nos muestra que los genes no controlan nuestra biología, no controlan su expresión y ni siquiera controlan su propia actividad.

Las señales ambientales y nuestra percepción de esas señales son los elementos que determinan nuestro comportamiento celular y la forma en que nuestros genes se expresan (un mismo gen o modelo puede expresar miles de variantes).

Nuestra biología se adapta a la información ambiental que penetra por nuestros sentidos y a la interpretación que nuestra mente hace de esa información, es decir, lo que pensamos acerca de lo que nos pasa. En un ambiente tóxico, las células enferman y mueren. No están orgánicamente enfermas ni determinadas por el ADN, sino que enferman como respuesta a un entorno insano o una percepción insana del entorno.

El sistema nervioso es el mediador entre las señales ambientales y el comportamiento celular. Podríamos decir que es el árbitro que decide qué mecanismos biológicos activar o desactivar.

Este árbitro solo puede tomar dos decisiones: protección o crecimiento. Ambos modos de nuestro sistema nervioso, simpático y parasimpático, no pueden operar al mismo tiempo. Estamos en protección o estamos en crecimiento.

El árbitro decide, pero no interpreta. ¿Quién interpreta? La interpretación de las señales ambientales es trabajo de la mente. Nuestras creencias, alojadas en nuestra mente inconsciente, modifican nuestra percepción.

La forma en que percibimos lo que nos sucede, nuestra interpretación subjetiva y nuestros pensamientos, le sirven al árbitro para decidir si debe activar el mecanismo de protección o el mecanismo de crecimiento.

Cuando pensamos que el entorno contiene amenazas (cuando nos hallamos bajo estrés, miedo, ansiedad o depresión) activamos el modo de protección, el sistema nervioso simpático. Todas nuestras funciones de crecimiento orgánico se detienen al instante, y también se detienen todos nuestros procesos cognitivos superiores. Las hormonas del estrés y los agentes inflamatorios -tales como el cortisol, la epinefrina, las citoquinas o la histamina- invaden nuestro sistema, detienen el crecimiento biológico y debilitan el sistema inmune.

Cuando nos sentimos seguros y libres de amenazas, nuestro sistema nervioso activa el modo de crecimiento, también llamado Respuesta de Relajación o sistema nervioso parasimpático. La sangre comienza a fluir abundantemente en el torso y la cabeza, donde se encuentran nuestros órganos y todas nuestras funciones de crecimiento. Liberamos bioquímicos como la dopamina, la serotonina, la endorfina, la oxitocina, la vasopresina y la hormona del crecimiento, que realzan nuestra salud. Nuestro cuerpo mantiene su integridad, nuestras células se dividen con normalidad y todas nuestras funciones orgánicas operan óptimamente.

¿Y entonces que hacemos?

El subconsciente es un procesador de información un millón de veces más rápido que la mente consciente y utiliza entre el 95% y el 99% del tiempo la información ya almacenada desde nuestra niñez como un referente. Por eso cuando decidimos algo conscientemente como, por ejemplo, ganar más dinero, si nuestro subconsciente contiene información de que es muy difícil ganarse la vida, no lo conseguiremos.

Si cambiamos las percepciones que tenemos en el subconsciente, cambiará nuestra realidad.

Bruce Lipton

Al igual que los pensamientos positivos y el efecto placebo afectan a nuestra biología, existe el efecto nocebo: si crees que algo te hará daño, acabará por hacerte daño. Henry Ford decía que tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, tienen razón. Si eliges vivir un mundo lleno de amor, tu salud mejorará.

Creencias y adopción

  • Es más saludable adoptar siempre bebés y ocultarles su procedencia.
  • Es mejor pedir niñas porque son más fáciles de educar y nos van a acompañar en el futuro.
  • Es mejor no decirle al niño que es adoptado.
  • Todos los menores que están en los programas de adopción y protección son pequeños.
  • Adoptar niños más grandecitos es un problema garantizado.
  • Cuando los niños lleguen a casa van a estar tan contentos con todo lo que le daremos que se olvidarán del pasado.
  • Si los niños son grandes entienden la adopción y son más agradecidos.
  • Con el amor se puede resolver todo.
  • Todos podemos adoptar.
  • Todos tenemos derecho a ser padres.

Quien espera un hijo biológico idealiza al niño que va a tener. Ese mismo mecanismo opera en la cabeza de quienes quieren adoptar, por eso cuando no se está preparado se desea de manera inconsciente recibir un pequeño que responda al estereotipo de lo que los padres adoptantes consideran perfecto.

No puede esperarse que un hijo sea perfecto porque solo es un ser humano. Y si hablamos de adopción, hablamos de un ser humano que ha sufrido una vulneración en sus derechos.

Es por esto que decimos que es necesario analizar que creencias respecto de la adopción y de los niños que llegarán a nuestra vida están en nuestro inconsciente para reconocerlas, evaluarlas, determinar si pueden potenciar nuestro proceso de vinculación o si es necesario que empecemos a desmantelarlas para llegar luego todos a buen puerto.

En función de todo lo dicho les comparto una charla que tuve con Luis Juliano, mi esposo, hablando sobre CREENCIAS Y ADOPCIÓN:

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